Final Boss – Dhuram

Estreno nueva sección. Es lo bueno de un blog recien abierto. Aún huele a libro nuevo.

Seré breve: si tu aventura requiere un saco de boxeo al final de la última puerta que sepa aguantar los palos y devolver algunos, esta sección es para ti.

En la entrada de hoy te presento a Dhuram. Dhuram no es una chica buena dispuesta a romper las reglas por una buena causa. Ni siquiera tiene cualidades que la rediman a lo largo de la aventura. Dhuram es una sacerdotisa de Rovagug que ha entregado su ser a poderes con los que un mortal no debería jugar, y ha regresado convertida en una exterminadora al servicio de su dios.

Baño de sangre

Cuando era niña, a Dhuram le enseñaron que cuando alguien quiere algo lo toma por la fuerza. Y que carecer de esa fuerza se pena con la muerte. Por desgracia para ella, nació débil, enfermiza, y con las piernas deformadas. Fue abandonada por sus padres en mitad de la nada, destinada a morir. Fue así como descubrió que, en medio de la oscuridad, los depredadores son una fuerza a respetar. Las voces de dioses antiguos riéndose de tu suerte y llevándote a la locura… eso es algo completamente distinto. Ella decidió seguir esas voces y hacerlas parte de ella. Fue de esta manera que encontró fuerza en su señor, Rovagug.

Cuando volvió a reencontrarse con su tribu, mató al jefe de guerra, mató a sus padres, a sus hermanos y a todos los que compartían algo de sangre con ellos: dio ejemplo con todos. Lejos quedaba la niña débil y quebradiza. Se alzó en un trono de huesos y demostró ser la mejor de su tribu en todo eso que proclamaban. Si su clan atacaba la aldea de otro, ella era la que más cabezas acumulaba como trofeos, la que más corazones devoraba para hacerse más fuerte, y la que, además, sabía como hacerlo para sembrar el sufrimiento en estos corazones antes de comérselos.

Llegó el momento en que su cuerpo volvió a fallarle, y fue derrotada por sus enemigos, su tribu aniquilada, su mente hecha añicos. Entregó su propio corazón como sacrificio a Rovagug a cambio de convertirse en una abominación. Se hizo más fuerte, si. Pero a partir de aquella noche, no había carne que saciara su hambre, ni líquido que calmara su sed. Y vagó por la tundra, desesperada, mientras su dios volvía a reirse de ella por ser débil y patética. Y cuando ya no pudo más, y su piel se pegaba a sus huesos casi desprovistos de carne, sus músculos casi incapaces de mantenerla en pie, a un tiro de piedra de cruzar arrastrándose las fauces de su señor, Dhuram encontró un hilo al que agarrarse.

Alguien la encontró, y la llevó delirante y febril a su pueblo, y fue atendida por todos los sanadores de la comunidad, sin resultado. Sin embargo, en un momento de descuido, cegada por el hambre y empleando sus últimas fuerzas, saltó sobre su salvador. Le abrió el cráneo contra la cama de piedra, sobre la que había dormitado durante semanas, y comió su carne. Sintiéndose con más fuerzas de las que jamás había sentido, esperó en la cabaña y acabó con la vida del siguiente desdichado. Se arrastró hacia el frío exterior, temblando por el poder que recorría su ser, y acabó con cada desgraciado que se cruzó en su camino. Hasta que el pueblo dejó de serlo y sus casas se convirtieran en mausoleos. Se alimentó de carne humana hasta que el sol volvió a despuntar, y su calor la bañó de esperanza. Vibraba de éxtasis mientras pensaba que no había nacido aún quien pudiera acabar con ella.

Génesis de un culto

El poder es como un faro para aquellos que lo anhelan, y cuando no eres lo suficientemente osado para hacerte con él lo mejor es arrimarse a quien sí lo es. Los rumores se extendían como la plaga en una ciudad infestada de ratas, y cuantos más encontraban un final sangriento a manos de la elegida de Rovagug tantos más comenzaban a buscarla para darle caza. Y para ponerse a sus pies. Tan sólo un año después de su despertar, Dhuram tenía tras de sí una estela de seguidores que conformaban un culto itinerante. Su credo no precisaba de templos. Tan sólo sangre. Dhuram dirige a una caterva de locos y degenerados, obsesionados con hacerse más fuertes. Por cada uno que consigue ver el amanecer de un nuevo día, fortalecido, dos han muerto a sus manos, indignos del favor de su despiadado dios. Su culto es pequeño, pero sus miembros poderosos a causa de los crueles métodos de selección de Dhuram.

Poniendo la carne en el asador

Dhuram es un enemigo duro de roer: sus poderes crecen cuando se alimenta de carne humana. Interprétala como una mujer de pocas palabras, de personalidad imponente y sonrisa de psicópata. Está acostumbrada a provocar miedo con su presencia, y siente curiosidad ante aquellos que tienen agallas para plantarle cara. No importa si la encuentran al comienzo de su carrera o más adelante, Dhuram no suele ir sola. Entra en combate acompañada por sus esbirros, tratando de flanquear al personaje de apariencia más fuerte.

Tan pronto como puede empezar a lanzar conjuros de 3º nivel emplea Furia para mejorar sus capacidades de combate. Vestidura mágica para mejorar su CA, poder divino para mejorar aún más sus capacidades ofensivas… Cualquier recurso para pelear mejor gana prioridad sobre cualquier otro.

Emplea ataque poderoso sin compasión, y hendedura cuando pueda alcanzar a más de un enemigo con su hacha. A partir de nivel 13, al menos uno de sus esbirros con impacto preciso siempre la acompaña para aumentar la efectividad de sus ataques flanqueando.

Descarga aquí el pdf con las estadísticas de Dhuram.

La plantilla de criatura voraz aparece en el Advanced Bestiary, de Green Ronin.

Ilustración por Dmitry Grebenkov: http://www.deviantart.com/art/Boss-353758478

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