Evelynn Linevohl

En la entrada de hoy, dedicada a la campaña de Planescape que tengo en preparación, os traigo un (1) pj. Sólo uno. En lo que ha sido un giro inesperado, mi mujer se sube al carro de Planescape. La idea es dirigirle algunas sesiones en solitario. Mientras que el Grupo A se dedicará al contrabando, el Grupo B, compuesto por ahora por una sola persona, trabaja para la Casa del Trueque, toda una institución en Telisaris que se dedica al cambio de divisas (principalmente) y a la regulación y supervisión de ciertas transacciones comerciales que se llevan a cabo en el enclave.

El tocho que viene a continuación ha sido un esfuerzo colaborativo entre el Sr. y la Sra. Tank, y requiere de una tirada de salvación de Destreza con éxito para no sufrir 5d6 de daño contundente. Incluye enlace a la hoja de personaje al final.

Un poco de historia

Evelynn fue, durante su infancia, una halfling risueña, regordeta, curiosa más allá de lo que se considera sano, y muy orgullosa. Poco ha cambiado desde aquellos días, salvo que la vida le ha enseñado a Lynn que todo es más sencillo si todo eso lo escondes bajo una fachada de chica dura.

Una de sus primeras lecciones la aprendió a la tierna edad de 15 años, cuando aún era una adolescente. Sus amigos la desafiaron a adentrarse en el bosque y explorar el Lago Blublublú, hogar del terrible Blublublú. Nadie que hubiera visto a la criatura había vivido para contarlo, pero cuando sus compañeros la tacharon de cobarde y empezaron a burlarse de ella, Lynn se dijo que no había otra salida: miraría al Blublublú a los ojos y volvería a Muérdago para contarlo.

Por el camino tuvo muchas dudas, como ¿qué haría si le fallaban las rodillas cuando la criatura emergiera del lago y la mirara desde lo alto de sus 10 o 20 metros de altura? ¿Y si el monstruo la aplastaba como una hormiga sin reparar siquiera en su presencia? Evelynn nunca tuvo respuesta para estas preguntas (ni para muchas otras). Fue hallada un par de semanas después, con sus ropas destrozadas, y sin un solo rasguño. Sus ojos, que antes habían sido de un color miel de ensueño, reflejaban una luz púrpura espectral.

Ojos de Bruja

El pueblo no tardó en tacharla de bruja y en repudiarla. Primero los más ancianos, que decían que había hecho un pacto con la criatura, y que no tardaría en entregarlos uno a uno como sacrificio a las aguas del lago. Pero las habladurías se extendían como fuego por los rastrojos secos, y poco a poco incluso sus mejores amigos dieron la espalda a la pequeña Lynn. A lo largo de los meses, entabló amistad con cualquiera que estuviera de paso por muérdago. Comerciantes, monjes mendicantes, buhoneros, artistas itinerantes, aventureros… Sobre todo aventureros. Su curiosidad, ya de por sí desmedida, crecía a la par que el resentimiento que guardaba hacia sus amigos y vecinos.

Y así, una noche, decidió ocultarse entre las pertenencias de Galabrus Rakh, un mercader orco que había traído telas y especias exóticas del otro lado de las montañas en un destartalado carro tirado por toros, mientras éste cruzaba unas últimas palabras con el alcalde en la posada antes de dirigirse al oeste.

Vida en la Carretera

Fue así como Evelynn aprendió ciertos secretos acerca del comercio. Sí, Galabrus la trataba como un grano que no pudiera llegar a rascarse. Pero nunca le puso una mano encima, y le daba cobijo y alimento. Cuando pasaron los años, y Galabrus perdió las ganas de continuar en la carretera, Evelynn se hizo cargo del carro y de los contactos del viejo orco. Hasta que, años después, se cansó de dar tumbos de un lado a otro. Invirtió parte de sus ahorros en un grupo de aventureros a la caza de reliquias olvidadas. Se hizo un nombre en las tierras del oeste, pero el mundo se quedaba pequeño para Evelynn.

Hasta que un día, cuando ni el licor ni las hierbas la conseguían apaciguar su mente, alguien comenzó a hablar un poco más alto de lo debido desde el reservado contiguo: Telisaris. Nunca había oído hablar de ese lugar. Lo que las voces contaban la bajó de la nube de alcohol en la que trataba de ahogarse. Cada retazo de información era un tirón que la devolvía más y más a tierra firme. Se sacudió la cabeza, se pellizcó, se abofeteó las mejillas hasta dejarlas rojas, se echó una jarra de agua fría. Y cuando se sintió lo suficientemente despierta, sacó papel y lápiz y dio forma a todo lo que escuchaba.

Invirtió todo su oro, todo su tiempo y todos sus esfuerzos en llegar a esa ciudad que nadie parecía conocer. Los libros, que tantos placeres le proporcionaran en el pasado, ahora se negaban a darle la más mínima pista de cómo llegar a su destino. Tuvo que sobornar, amenazar, calumniar, emborrachar, agasajar, engañar, extorsionar y seducir. Todo para poder cruzar al otro lado. Todo por obtener pasaje a Sígil.

Viaje de Ida

Fue todo un logro llegar hasta la ciudad de las puertas, y a la vez una absoluta decepción. Estaba a medio camino de Telisaris, y se había quedado sin recursos para continuar su viaje. Evelynn, sin embargo, no era una halfling sin posibilidades, a estas alturas del viaje. Acabó enrolando en una compañía de mercenarios. Cuando descubrió que la vida de mercenario no era para ella, trató de servir a varios comerciantes de la ciudad. Y cuando cada comerciante la decepcionó a su manera, se alistó a la tripulación de un navío astral para dedicarse a la piratería. Ya estaba harta de que la engañaran. Ahora el universo le rendiría cuentas a ella.

Fue recibida en el Belushkan entre risas y mofas. Galajh el Tríclope la aceptó a sabiendas de que la pequeñaja no duraría un día de duro trabajo a bordo. Nadie hubiera dado un doblón por la chica nueva, que fue objeto de apuestas. Y aunque al principio todos apostaban de qué no sería capaz la mediana, los miembros de la tripulación comenzaron a apostar hasta dónde era capaz de llegar “Mediometro” Lynn. Su fiereza en combate dejaba perplejos a todos, y su determinación calló a muchas bocas. Fue así como la tripulación del Belushkan comenzó a contar las andanzas de Evelynn por cada puerto y cada ciudad en que hacía escala.

La Casa del Trueque

Por otra parte, Lynn no tenía planes de permanecer en el Belushkan para siempre. Puso al servicio de Galajh todos sus conocimientos, y pronto tuvo la oportunidad de hacerse con su propio navío astral. No sólo estableció la primera “franquicia” del Belushkan. También propició interesantes acuerdos que beneficiaron tanto a Galajh como a la halfling. Fue así como, tras años de esfuerzo y duro trabajo, llegó Lynn al puerto de Telisaris por primera vez. Francamente, el pequeño enclave jamás podría hacer sombra a Sígil, pero se dio cuenta de que tampoco lo pretendía. Había invertido años para llegar hasta aquí, y se enamoró perdidamente de la ciudad tan pronto como conoció a sus gentes y buceó por cada turbio negocio que el lugar tenía que ofrecer. Su curiosidad y tenacidad atrajo la atención de Ysarna, matriarca de la Casa del Trueque.

Han pasado algunos años desde aquella primera visita a Telisaris. Evelynn tuvo que abandonar sus negocios dentro del Beluskan en circunstancias algo turbias. También descubrió que la vida del esclavo no estaba hecha para ella. Y llegó a convertirse en consejera de Ysarna en la Casa del Trueque bajo otra identidad. Pocos entienden qué llevó a la vieja matriarca a acoger bajo su tutela a la pequeña y discreta criatura. Pero aquellos que indagan lo suficiente pueden llevarse más de una sorpresa en el proceso de obtener la respuesta.

2 Comments

  1. Sra. Tank

    Hola! Soy Lynn y estoy visitando el museo del comercio en el que he oído que se hace referencia a mi persona.

    Por ahora, he de decir que todo está correcto. Pero no le aconsejo a nadie que se adentre más allá de lo que deseo mostrar, salvo si quiere llevarse un buen susto o, tiene algo interesante que venderme. (Y en este último caso, ya veré si cuento mis andanzas como recompensa)

    😉 atte. Evelynn.

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