Ecos de Nix (y II)

Dejamos a los héroes en una situación desesperada. Lo que debía de haberse cerrado en una sesión se alargó más de lo debido. Los malagueños decidieron prolongar su estancia para jugar una segunda sesión y darle un cierre a la altura de las circunstancias a esta improvisada aventura. Me hubiera gustado tener más tiempo para desarrollar las cosas en condiciones. Aun así, visto lo bien que se lo pasaron creo que puedo darme por satisfecho. Eirendor awaits! Espero que disfrutéis del final de esta crónica como me la hizo disfrutar a mí el grupo.

Casting de PJs

Khamul Hassan, campeón de un pequeño templo de Lux ubicado en Oasis.
Hasid, un hechicero de moral dudosa tutelado por una anciana de la ciudad.
Al-Rakam, un guerrero al servicio de la guardia de la ciudad.
Abdul, un pícaro con vínculos dentro de palacio.


Un animal herido se lame las heridas. De tener apéndices prensiles, tal vez se aferre a ellas con fuerza para contener el dolor. Una ciudad, en cambio, explota en una sinrazón de emociones. Miedo. Confusión. Paranoia.

Nuestros héroes se debaten sobre qué hacer. Las horas siguientes al ataque de los elfos, con el cadáver de Hassad Khamul aún enfriándose, los tres supervivientes aún tratan de decidir el mejor curso de acción a seguir. La vida de Yaya y de cuantos ciudadanos hayan caído presos de los asaltantes corren peligro.

Refuerzos

La guardia se ve desbordada. Siendo un enclave mayormente pacífico y poco acostumbrado a las incursiones, el consejo de comerciantes (que ha tomado el control de la ciudad a la espera de la sucesión de un nuevo líder) se debate sobre los motivos por los que las defensas de la ciudad han sido derribadas con suma facilidad. Mientras tanto, y ante los ruegos del grupo, el pequeño templo a Lux envía a uno de sus campeones a acompañar a los héroes en tan aciaga tarea. Khamul Hassan se ofrece a adentrarse en el desierto para ayudar en el rescate. Y recuperar la dichosa pipa, que tantos quebraderos está dando.

El cráter que los elfos han provocado en su huida (o a su llegada) parece ser la mejor manera de seguir el rastro. Los aventureros se lanzan a la oscuridad que reposa bajo la ciudad, no sin antes trazar un plan con la guardia: a la salida del túnel, les esperará alguien con caballos y equipo para afrontar la travesía. A sabiendas de lo que les puede esperar al otro lado, uno a uno descienden por el cráter para ser tragados por la oscuridad.

Hacia la luz

La humedad en el túnel es agobiante. El grupo no tarda mucho en decidir que ha debido ser un gusano de tamaño enorme el causante de ésta anormalidad bajo la ciudad. Restos de icor y de una sustancia gelatinosa bañan las paredes. Es Hassan quien rompe la oscuridad reinante con una plegaria a Lux. Su fe parece forjada en el mismo yunque de la creación.

Pronto el túnel se ensancha. Las raíces entretejen un tapiz enmarañado. Un poco más allá, huevos. Decenas de ellos. El grupo no titubea. Hay que erradicarlos antes de que eclosionen y provoquen una masacre. Dos figuras caen pesadamente provocando un obsceno chapoteo. El hedor es insoportable. El grupo decide correr para obtener una mejor posición para hacer frente las criaturas que avanzan sin piedad. Chillan. Se retuercen hambrientas.

Acero y fuego abren y calcinan la pútrida carne de los gusanos, que vomitan su ícor sobre Al-Rakam con violencia.  Hassan decide no correr riesgos. Sabe de las enfermedades que portan estas criaturas. Impone sus manos sobre el guerrero herido y sana la carne y el alma. El fuego purificador se encargará luego de acabar con el resto de los huevos.

A la salida del pasaje, y como prometió el sargento, dos guardias esperan con provisiones y monturas. No hay tiempo que perder, el rastro es posiblemente tenue a estas alturas, pero menos es nada.

Habitantes de las arenas

A unos días de viaje, los restos de una caravana se blanquean al sol. Hay signos de lucha, pero aunque no hay cadáveres la sangre seca baña la arena. No hace mucho que los elfos oscuros pasaron por aquí. El grupo inspecciona la escena con detenimiento mientras discuten sobre si deben acampar o continuar. Una lanza se clava en el suelo entre las piernas de Hasid. En lo alto de una formación de rocas, una criatura escamosa lo observa.

“Seguís a los pieles negras, ¿sí?”, ladra la criatura. De entre la arena, más figuras aparecen, alerta, justo en el límite de la visión. El grupo se pregunta si podrán ganarse un aliado en la persecución, y decide no atacar. Bajan las armas. Se muestran abiertos al diálogo. Ra’chak, como se presenta a sí mismo la criatura, dice seguir a los elfos para darles una lección. Andan demasiado cerca de sus tierras. Se lo pensarán dos veces la próxima vez…

Tras un silencioso intercambio, el grupo accede a cooperar con las criaturas de las arenas. Ra’chak asiente. Sus acompañantes salen de sus escondites. Y la tierra tiembla abriéndose paso a una enorme criatura, todo músculo recubierto de placas. Hiende las arenas como si fuera el agua de una pecera, y Ra’chak salta desde las piedras al lomo de su montura. “Seguidnos…”

Orgullo y Teología

¿Representa Eir la piedad de la naturaleza? ¿O la crueldad que permite hacer la criba que deja en su sitio a los débiles? Durante días, el grupo es acompañado por la patrulla de kobolds. Durante los breves descansos para descansar o para comer, Ra’chak y Hasid se enzarzan en discusiones sobre teología. Ambos discuten acalorados, pero ninguno consigue derribar al otro de su pedestal.

Hassan se mantiene al margen de estas discusiones, mientras el resto del grupo se enzarza en silenciosas competiciones con los guerreros de la patrulla. Cuando un bando hace el ridículo, el otro se ríe de él. “No me gusta que se rían de mí…”, murmura Abdul a Al-Rakam, herido. No sería la más grave de las que recibiría durante este viaje.

Colisión

El grupo se adentra a lo largo de los días entre los escarpados pasajes de los cañones al norte de Oasis. El viento barre la arena y dificulta la visión, y la marcha se hace pesada para los caballos. Los elfos, sin embargo, aprovechan la ventaja. Cuando el grupo menos lo espera, un hechicero y sus seguidores embosca al grupo a lomos de un colosal gusano. La tierra sale disparada en forma de géiseres al paso de la bestia.

El combate es feroz. Ra’chak y su montura se enzarzan en brutal combate contra el gusano. Mientras, sobre la arena, los elfos se lanzan sobre los jinetes. Hasid y Abdul se ven desprovistos así de sus monturas, que salen despavoridas ante el ataque. Mientras, Al-Rakam y Hassan tratan de montar a sus compañeros a lomos de sus caballos. La arena comienza a empaparse de sangre. Los kobolds comienzan a perder la batalla, y, durante una embestida, su montura es destrozada. Es hora de huir…

Pero la velocidad del grupo no es rival para un gusano de las arenas. No para uno de ese tamaño. Uno a uno, nuestros héroes son alcanzados, derribados y engullidos por la enorme bestia. Todos, sin excepción. No es la muerte, empero, el peor de los destinos en las Arenas Infinitas…

En la oscuridad

Poco a poco, los héroes se sacuden el sopor. La humedad y el frío les calan hasta los huesos. Las cadenas los mantienen aprisionados contra la piedra, y el dolor les atenaza. Día tras día, abandonados a su suerte, tratan de zafarse de la cruel mordedura del acero que los apresa. Sin comida ni bebida, las fuerzas se desvanecen poco a poco. La cordura comienza a ser un lujo que una vez consideraron un derecho. Se escapa con cada esfuerzo. Con cada grito de terror que retumba desde Lux sabe dónde.

No hay rastro de los elfos, pero pronto desearán la misericordia del acero. El alivio de una muerte que no parece llegar. Acuciado por estos pensamientos lúgubres, es Abdul el primero en desprenderse de sus cadenas. Por sus gritos, Hasid sabe que ha debido sacrificar algo más que un poco de piel para obtener la libertad. Al-Rakam es el siguiente, arrancando de la pared sus cadenas y desvaneciéndose por el esfuerzo realizado. Hassan hace lo que puede por devolver las fuerzas a sus compañeros, pero aún tienen problemas mayores que solucionar… ¿Qué ha sido de Ra’chak? ¿Dónde están los captores? La sed y el hambre apenas deja pensar al grupo.

Yaya…

Ra’chak exhala su último aliento tras ser hallado por el grupo. Sin piernas y herido de muerte, ni siquiera las plegarias a Lux parecen poder salvar a la pequeña criatura. Hassan recita una plegaria breve para encaminar su alma a donde quiera que vayan los habitantes de las arenas al morir.

La guarida de los elfos presenta un panorama desolador. Las cavernas que sirvieron de refugio a los moradores de piel negra son ahora un mausoleo. El camino está cubierto por la sangre púrpura de las sádicas criaturas. Quiere la fortuna que el grupo encuentre parte de su equipo de camino a una presidida por un altar. Una enorme caverna con una elevación de obsidiana en su centro, flanqueada por estatuas que representan a mujeres de múltiples brazos y rostros distorsionados por expresiones enloquecedoras. Levitando en el centro de la plataforma, Yaya. Y en su regazo la pipa.

“Yaya…”, Hasid avanza temeroso por la anciana. Sabe que algo pasa pero no se atreve a decirlo en voz alta. La anciana abre los ojos, que ilumina la estancia con una oscuridad cegadora. “Gusanos… ¿Habéis venido a arrebatarme mi poder? No merecéis ni el aire que respiráis.” Pero no es la voz de la vieja la que escapa de su garganta. Un humo iridiscente surge de la shisha en una explosión atronadora, inundándolo todo.

Final boss

El humo parece haber envenenado de alguna manera a Abdul y a Hasid, cuyos movimientos son torpes. A pesar de todo, la voluntad se impone ante la promesa de una muerte dolorosa. Tentáculos de humo, afilados como el mejor acero, cortan el aire a una velocidad pasmosa. Al-Rakam y Hassan tratan de abrirse paso entre ellos y alcanzar a Yaya, pero una fuerza invisible se interpone a cada intento. Es Hasid el primero a llegar a la pipa. “¡Dejadme entrar solo!”, grita desesperado. “¡Trataré de liberarla!” Agarra una manguera y aspira el humo de colores imposibles. Y su conciencia se ve transportada ante la voluntad del jeque Azhura, prisionera del oscuro artefacto. Una lucha de poder se desata.

Cada paso hacia la victoria son dos hacia la derrota: las fuerzas de nuestros héroes se ven mermadas poco a poco. Sangran profusamente por múltiples heridas. Y, a pesar de todo, la esperanza surge por un instante cuando Hasid parece imponerse a la voluntad de Azhura y paralizar así los ataques de la anciana. Todos parecen ponerse de acuerdo: hay que entrar en la cachimba. El hechicero palidece cuando Al-Rakam y Hassan se materializan junto a él.

Un sonido parecido al de un gong resuena. La luz se consume, y el suelo resuena como sacudido por vibraciones cada vez mayores. “QUE ES LO QUE MÁS DESEÁIS”, una voz quiebra la existencia misma. El terror atenaza a los aventureros.

The end

–¡Libera a la anciana!–grita Hasid.
Al-Rakam palidece ante el poder de Nix. A pesar de ser sólo un minúsculo fragmento, su presencia es inabarcable.
–¿Qué significa ésto? ¡Me prometiste poder! ¡La vida eterna!–Azhura titubea.
Es Hassan el que se impone, arrancándose el símbolo de Lux del cuello y empuñándolo con ese tipo de fe que mueve montañas.
–¡Sal de este mundo, diosa inmunda! ¡Fuiste destruida una vez y en tu tumba habrás de permanecer, por siempre!

Una punzada de dolor recorre a la diosa. Es adorable. El pequeño humano se aferra a Lux como si de verdad éste pudiera protegerlo aquí… ¿Es envidia lo que siente? ¿Por qué esa soledad? ¿Por qué nadie la venera con una devoción así?

Está decidido.

Los aventureros sienten cómo sus conciencias retornan a sus cuerpos. El temblor cesa. La oscuridad se resquebraja. En un abrir y cerrar de ojos, la shisha se rompe con un sonido de cristales rotos, y se deshace, mientras Yaya, con un mudo grito, se convierte en cenizas. Un círculo de oscuras runas se dibuja en torno a nuestros héroes. Hassan siente una última punzada de dolor mientras toda la oscuridad del mundo se cuela a través de la herida en su corazón. Una explosión cegadora. Y luego muerte.


Y es así como un alma pura recorre de un salto la senda que lleva a la oscuridad. Alimentado por el poder de sus compañeros sacrificados, ¿qué destino aguarda al único superviviente del grupo? El tiempo lo dirá…

Me pareció poético que la aventura terminará así. TPK al final, si, pero nunca he visto a unos novatos jamás disfrutarlo tanto. Resultado: ganas de más y expectativas de nuevas aventuras. Como dicen los ingleses, stay tuned. 

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